Petroleros convertidos en Venues para eventos. Renovarse o morir.

Sin duda los tiempos que corren fluyen alrededor de una palabra que lo intenta envolver todo: Innovación. Con ella hemos visto como se puede pasar de un evento presencial al un evento digital, como desarrollar nuevas formas de trabajo remoto o como cambiar la experiencia de compra de un consumidor… ¿Pero qué pasa con aquello que dentro de poco puede ya pertenecer a tiempos del pasado? La palabra que mejor puede solucionar posibles problemas futuros es la anticipación.

Los buques petroleros pueden llegar a pesar hasta 500.000 toneladas.
El objetivo es convertir estas estructuras, más grandes y pesadas que el Empire State, en un recurso diferente y sostenible, para las ciudades. En este caso un lugar único para llevar a cabo todo tipo de eventos originales.

Con las reformas adecuadas, la vieja nave podría adaptarse en términos acústicos para ser una sala de conciertos multitudinaria, un centro de convenciones y hasta un espacio multidisciplinar estructurado en diferentes módulos móviles que, gracias a su flexibilidad, se adapta a cualquier uso. El proyecto busca convertir los antiguos patitos feos y contaminantes de la era del petróleo en cisnes que resurjan con una nueva vida más ecológica, y que se conviertan en un atractivo de arquitectura local.

La recesión económica en Europa y Estados Unidos, el crecimiento chino por debajo de lo esperado y una producción de crudo en el golfo que no ha descendido, han obligado a muchos a buscar opciones más económicas y originales a la hora de cambiar el paisaje de esta región. Así nace el proyecto Black Gold (Oro Negro), una iniciativa del estudio holandés Chris Collaris que pretende dar una nueva vida a los buques petroleros que han sido jubilados

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